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EL VERDADERO SENTIDO DEL 8 DE MARZO

La mayoría de las trabajadoras del mundo entero, incluyendo muchísimas obreras dentro del país, no saben que la fecha del 8 de marzo es para ellas de suma importancia. Y varias de las que lo saben, no tienen idea de lo que fue realmente ésta fecha en la historia. Para nosotras, obreras pero también obreros concientes, para quienes la lucha constituye nuestro cotidiano vivir, es imprescindible conocer nuestra verdadera historia, saber de las distintas luchas llevadas por nuestra clase y las lecciones que debemos de sacar de aquellos conocimientos.

Antes de todo, ya que gran parte de las obreras de las Zonas Francas trabajan en el textil, es preciso saber que las movilizaciones logradas un 8 de marzo del 1908, fueron llevadas justamente por obreras del textil. A pesar de eso, hoy, la mayoría de las obreras de ésta rama no conocen nada de ésta historia nuestra.

En el 1975, la ONU proclamó el 8 de marzo como día internacional “de la mujer”. Otra vez, fue una recuperación de las clases dominantes internacionales para eludir los verdaderos significados de nuestras luchas. De hecho, de ésta manera, tratan de borrar de la memoria colectiva las movilizaciones obreras que realmente ocurrieron en esa fecha, convirtiéndola en una celebración general, global, buena gente, sin contenido de clase, dónde todas las mujeres están presentes, incluso mujeres burguesas de las más anti-obreras y reaccionarias. Así desaparece por completo la naturaleza y la lógica de nuestra lucha. Se desvanece nuestra historia propia.



¿QUÉ FUE EL 8 DE MARZO?

Pero, ¿qué fue entonces el 8 de marzo?

¡El 8 de marzo es una fecha histórica! Doblemente.

Primero, el 8 de marzo del 1857 fue cuando una multitud de obreras en Estados-Unidos salió a la calle para reivindicar sus derechos económicos y políticos. Enseguida, luego de un llamado de los dueños de fábrica, llegó la policía, abrió fuego y descargó allí una represión ciega…

Más tarde, en 1908, el mismo 8 de marzo fue otra vez un día memorable de lucha. De hecho, esa fecha recuerda un fuego que prendieron los capitalistas dueños de una fábrica textil en la ciudad de Chicago, Estados-Unidos, en la sala dónde más de mil obreras estaban trabajando. ¡Un gran número salieron heridas. 120 murieron! Sucedió éste crimen simplemente porque las obreras estaban allí reivindicando el respeto de las 8 horas máximas de trabajo diario legales, junto con un mejoramiento sustantivo de sus condiciones de trabajo ya que esas condiciones representaban para ellas nada menos que un infierno dónde, además, su dignidad intrínseca estaba permanentemente y totalmente ultrajada. En esa fábrica, sin embargo, las obreras no se quedaban inmóviles. Peleaban diariamente. Y habiendo logrado cierto nivel de organización, llevaban protestas puntuales, paros y huelgas. …Aquel 8 de marzo del 1908, los dueños de la fábrica, en vez de cumplir con la ley y satisfacer las reivindicaciones justas y legales de las trabajadoras, decidieron así bloquear lo que llamaban “el desorden que crecía”.

LA MOVILIZACIÓN DE SOLIDARIDAD Y LA “CONMEMORACIÓN”

Como nada en contra de los capitalistas hizo el gobierno, empezó una movilización de solidaridad enorme, nacional como internacional. Paros, huelgas y hasta ocupaciones de fábrica hubo en el mundo entero en protesta de ésta práctica que mostraba una vez más cómo el capitalismo no tiene consideración alguna para la vida humana frente a sus intereses económicos.

No se logró en realidad derrocamiento sustantivo de los burgueses involucrados en el crimen organizado de aquel 8 de marzo. Sin embargo, los / las luchadores del mundo entero recordaron ésta fecha cómo sumamente significativa del coraje enorme de las obreras de aquella fábrica y, para todos y todas, se queda en el corazón una llama eterna.

Años después, en Alemania, una muy combativa y revolucionaria mujer, Clara Zetkin, propuso que el mismo 8 de marzo, por su doble significado de lucha obrera, fuese declarado día internacional DE LA MUJER OBRERA.

Pero, con el reflujo de las luchas de nuestra clase durante la segunda parte del siglo XX, el 8 de marzo empezó a perder de su verdadero sentido y, poco a poco, principalmente por el afán que tuvieron varias desviacionistas de la pequeña burguesía particularmente, se transformó en un día de “mujer”, dónde se hablaba más de “feminismo” y, en vez de coagular la unidad de la clase obrera reuniendo obreras y obreros en la lucha – cómo precisamente lo fue aquellos 8 de marzo históricos – se trata de enfrentarnos. Así preparado el terreno, en el 1975, la ONU pudo fácilmente resumir el 8 de marzo en aquel “día de la mujer”.

¿QUÉ COMPRENDER Y QUÉ LECCIONES TIRAR?

Es importante hacer resaltar que una de las razones de ésta desviación es el abandono parcial de la memoria obrera por los integrantes de la misma clase y, al mismo tiempo, la toma en mano de un tema tan importante como lo es el de la mujer, en mano de agentes de otras clases. De hecho, el tema preciso de la mujer, en cuanto a las contradicciones que pueden existir - y existen - en las relaciones entre trabajadoras y trabajadores es de gran importancia. Pero siempre se debe de resolver dentro de nuestra misma clase. Primero porque allí existen especificidades que nos son totalmente propias, segundo porque, una vez lograda, sólo allí encontraremos una solidaridad verdadera, entera. Finalmente, y sobre todo, porque no se puede ni se debe permitir la colaboración de clase para nada, ya que son opciones que siempre van a conducirnos a perder nuestra autonomía: lo más importante para la emancipación de nuestra clase, partida clave para la de la humanidad entera.

No es casualidad si somos las obreras quienes dimos lugar a la fecha del 8 de marzo. Toda batalla para la emancipación del pueblo y, así, de la humanidad, tiene que salir de los intereses de clase de la clase obrera. Eso vale también para la lucha para la emancipación de las mujeres. La emancipación de la clase obrera, entendida en su sentido real y amplio, tiene que ser una emancipación total. Si no, no existirá. La emancipación de la clase obrera es la única que pide, que comanda al mismo tiempo la emancipación de las mujeres.

Como tema que les toca a ellas también, varias mujeres de la burguesía liberal al igual que otras de la pequeña burguesía, entraron la pelea genérica y, a propósito - ya que están bregando con varios objetivos y nunca se les va a olvidar lo fundamental – mezclaron a todas las mujeres por igual, confundiéndonos y, sobre todo, cogiendo la dirección de las iniciativas. Desconectaron por completo el 8 de marzo con su sentido primordial de batalla de clase, dónde fueron mujeres obreras quienes encabezaban luchas de esperanza y de coraje. Ponen nada más que las consideraciones genéricas, quedándose así en el aire esa fecha tan profundamente nuestra, dónde en la práctica, precisamente la práctica de lucha, estábamos juntos, mujeres y hombres.


¿CÓMO PENSAR? ¿CÓMO ACTUAR?

Hoy en día, durante las celebraciones del 8 de marzo, se denuncian los abusos que sufren las mujeres en la actual sociedad machista. Esos problemas son reales. Esas denuncias son de suma importancia. Se puede decir entonces que aportan algo a la resolución de problemas humanos reales, importantes, que nosotras las mujeres obreras y de todo el campo popular sufrimos concretamente también. Sin embargo nunca tampoco podremos olvidarnos que aquel 8 de marzo nos encontramos frente a los patronos ¡con sus mujeres! Como siempre. Nos recuerda la explotación que nosotras mujeres obreras sufrimos en sus fábricas-cárceles, nos recuerda las humillaciones que nos hacen pasar diariamente patronos y supervisores, dónde el acoso sexual es para ellos moneda corriente. Esa dominación capitalista, que se nutre de nuestra deshumanización, por encima de nuestra dignidad, nos recuerda, como aquel 8 de marzo, que el capitalismo se construye encima de cadáveres. Y que, siempre, cada vez que se tratará de intereses profundos, económicos, de clase, una vez pues se trata de muerte, nos encontraremos clara y seguramente frente a todas las mujeres burguesas que con nosotras estaban organizando la lucha genérica. La única unidad que nos será permanente y fructífera está adentro de nuestra propia clase, en alianza con el pueblo entero - hermanos, amigos, compañeros nuestros. Allí y allí nada más se deben de resolver nuestros problemas.

¡El 8 de marzo nunca debe servir a mezclarnos con las burguesas, quienes en sus fábricas o las de sus esposos se nutren de nuestra sangre! Aún en la problemática “mujer”, no tenemos nada que ver con ellas. No hay batalla que se deba de llevar junto con ellas. Al contrario, el 8 de marzo debe recordarnos a todas las obreras que pelearon y que dieron su vida en el 1908; el 8 de marzo debe recordarnos a todas la mujeres-obreras quienes actualmente siguen sufriendo la misma explotación, dominación, represión dentro de las fábricas de las burguesas; el 8 de marzo debe recordarnos a todas las demás mujeres-trabajadoras dominadas también en esa sociedad actual: las pequeñas vendedoras de todo tipo, las trabajadoras de casa, las mujeres pequeñas-campesinas…Todas ellas, hermanas de lucha.

Esa comprensión del 8 de marzo, esa concepción de nuestra fundamental realidad ¡nos interpela a coger nuestras responsabilidades! ¡Para nada es momento de lamentarnos!


LAS MUJERES EN LA CLASE OBRERA


Hoy, 8 de marzo, es para nosotras una ocasión para reflexionar aún más sobre nuestra situación como mujer, como mujer trabajadora, como mujer dentro de la clase obrera. Para empezar, tenemos que estar claras en una primera cosa, una primera actitud muy importante: ¡no es momento de lamentarnos! Es momento de tratar de entender mejor sobre cómo podemos avanzar en nuestra batalla, mientras se tiene en cuenta, con todo el rigor necesario, de nuestra especificidad como mujer.


PAPELES Y RESPONSABILIDADES

En nuestra clase, como en todas, la mujer juega un papel importante en la reproducción física de la clase. Somos quienes damos a luz a los próximos obreros. Y, durante toda la época de la crianza, somos nosotras quienes tenemos la mayor responsabilidad de la criatura. Dentro de la casa misma, varias otras responsabilidades tenemos. Así que, para la concreta reproducción de la clase en sí, somos de una importancia primordial, aunque, a propósito, no se le da el lugar fundamental que así tiene para la sociedad entera.

Por lo general, en la sociedad que vivimos, casi se resume al papel que jugamos en la casa la importancia que tenemos. Pero, si bien está muy importante, estudiando más profundamente las cosas, veremos que tenemos muchísimo más papeles y responsabilidades dentro de nuestra clase. Es preciso conocerlas, estar concientes de ellas, para enfrentarlas, mejor y más organizadas.

La orientación del capitalismo en países dominados por el imperialismo tiene fuerte tendencia a desarrollar allí el tipo de industrias llamadas de ensamblaje. En las zonas, estuvieron estas fábricas en gran crecimiento, hasta que un senador de la República propuso una ley para transformar a todo el país ¡en una zona franca! Con esa orientación, si no está totalmente bloqueado el crecimiento de la industria local, por lo menos está sumamente dificultado.

En las fábricas de las zonas, la gran tendencia es de emplear mujeres obreras. Varias razones explican eso. Para empezar, para los capitalistas involucrados en este proceso, las mujeres son más sumisas. Así tendrán menos protestas, menos luchas dentro de la fábrica, lo que dejará mejor espacio para la explotación sin límite que se proponen establecer. También piensan que la mujer tiene una capacidad superior para ciertos tipos de trabajo, sobre todo los que, como en el textil o el electrónico, necesitan de un cuidado mayor. Así que las encuentran más “rentables”. Además - y eso es un cálculo tan preciso como sádico – saben que las mujeres, una vez llegadas a la casa, tienen tanto trabajo que no les dará tiempo - o, acaso, mucho menos que el hombre – de organizarse. También saben - y entretienen – que las mujeres están mucho más involucradas en las cuestiones religiosas, lo que, otra vez, no sólo les resta tiempo de organización para defender sus derechos, sino que les mantiene más todavía en un estado de esperanza divina, lo cual debilita la espontaneidad combativa de la mayoría de nuestras compañeras. También, saben que otro factor adicional que tienen es el acoso sexual: de hecho, esa dominación genérica instala a su vez una dependencia económica – si no se acepta, se pierde el trabajo – lo cual deja la mujer así atrapada con un altísimo miedo permanente y, consecuentemente, mucho menos dispuesta en arriesgarse a luchar por sus derechos. Finalmente, en la sociedad dónde vivimos, las mujeres tienen mucho menos oportunidades de trabajo, así que él de la fábrica les queda muchas veces como única posibilidad, lo cual - para no perder ésta casi única oportunidad de empleo - establece una presión adicional enorme sobre sus hombros ya que, en la casa, el dinero del compañero solo no da, ¡ni hablar de cuando la mujer es la única responsable en el hogar!



PERSPECTIVAS

Como podemos darnos cuenta, la burguesía actúa de manera muy reflexionada. Calcula mucho y lejos para lograr que su explotación esté lo más rigurosa posible y que, así, su capital le rinda al máximo. Lo único que sabe son sus beneficios y, con ésta lógica implacable, las víctimas las más perjudicadas somos nosotras las mujeres obreras.

Podemos preguntarnos: ¿logran así su objetivo? Es cierto, sus cálculos dan resultado ¡y mucho! Las condiciones de desarrollo de la clase obrera en el país es causa importante de los límites de nuestras luchas. Es una realidad histórica y debemos estar claros en eso. Pero tampoco podemos contestar simplemente que así están logrando sus objetivos. Porque estamos también seguros que éste estado de cosas es obligatoriamente pasajero. Sean la luchas de las mujeres, sean las de los hombres, lo fundamental es que, en el capitalismo, estamos sufriendo una explotación concreta, objetiva, enorme. Lo cual siempre establece a su vez una base profunda para que los elementos los más avanzados y valientes y, luego, la mayoría de la clase obrera, cojan poco a poco sus responsabilidades y entren en batalla organizada para enfrentar esa explotación, hasta proponerse derrocarla por completo. El capitalismo en sí es una escuela de guerra dónde la clase obrera siempre aprende a luchar mejor. Por ahora, los límites inherentes a nuestra historia de clase, nos traban mucho y nos hacen ver la realidad que vivimos así que el futuro, como completamente oscuro. Sin embargo, sólo en la lucha desarrollaremos nuestras capacidades de lucha. Es precisamente dentro de este mismo proceso que, poco a poco, acumulando conocimiento y, así, mejor visión, lograremos, junto con todo el pueblo, tomar a mano nuestros derechos, nuestras vidas, al igual que nuestro destino.


¿TENDREMOS DIFICULTADES?

De antemano, podemos decir que sí. La sociedad, globalmente, no nos ha formado como para tener natural confianza en nosotras mismas. Tampoco nos ha formado para tener conciencia de nuestras capacidades organizativas y de lucha colectiva lo bastante como para coger en mano propia nuestro completo destino de clase. Juntas esas dos primeras reflexiones, encontramos a varias mujeres que dicen: “si fuese hecho por hombres, hubiese sido mejor”; o, igualmente: “¡qué lástima que no haya hombres en la fábrica!”. Es que nos olvidamos que la casi totalidad de las centrales y federaciones que han vendido descaradamente nuestras luchas de clase ¡estaban encabezadas por hombres y sólo hombres! Por eso decimos: hombres o mujeres pueden ser igualmente cobardes y chivatos …como también valientes y concientes.

Nuestra falta de experiencia no debe ser causa para subestimarnos. Lo fundamental es que nuestro espacio en la sociedad, nuestro lugar en la producción, nuestra plaza dentro de nuestra clase misma, nos pide coger a mano nuestras responsabilidades y, para eso, recobrar nuestro coraje, nuestro carácter y entrar de pié en la batalla, como se debe. Allí desarrollaremos más nuestras capacidades y así tendremos aún más confianza en nosotras mismas.


CONCIENCIA Y CORAJE

Es importante tener consciente que varias mujeres han cogido y siguen cogiendo sus responsabilidades. Ellas también tienen las mismas tareas en la casa, ellas también tienen los mismos prejuicios y dominación genérica encima. Pero han logrado entender y tomar conciencia primero que sus intereses de clase son los únicos profundos y permanentes, luego que la lucha firme y consecuente es la única manera de arrancar sus derechos y, finalmente, que la dominación genérica se puede resolver realmente y de una manera permanente sólo dentro de nuestra lucha de clase.

Para eso debemos de superar los límites que nos imponen la sociedad. No podemos dejarnos dominadas por los prejuicios genéricos. Debemos de luchar en contra de ellos, ¡firmemente! Pero también y siempre en articulación con la lucha global para nuestros intereses de clase, dentro de esos intereses. Varios hombres, obreros y no, compañeros y no, entienden perfectamente esa problemática y luchan francamente al lado nuestro. Pero nos toca primero a nosotras dar el paso inicial para sostener y lograr nuestras reivindicaciones.

Concretamente tenemos varias características - precisamente como mujer - que nos propician facultades para llevar a cabo estas tareas. Somos nosotras quienes organizamos el hogar, dándonos así, por experiencia concreta, no sólo la facultad desarrollada de la organización en sí, pero también el hecho de tener nosotras que enfrentar los problemas que deja la ausencia de servicios que el Estado debería de proveernos: electricidad, agua, recogimiento de basuras… y, sobre todo, la vivienda decente que cada familia debe de tener. Con ocuparnos nosotras de la educación de los niños, somos, otra vez, nosotras quienes enfrentamos los problemas de la escuela pésima que les dan a nuestros hijos. También, por ser quienes se encargan de ir al mercado, somos nosotras quienes chocamos con el alza sin fin de los precios… Finalmente, la fábrica misma, con todos sus horrores, nos deja, sin embargo, con esa conciencia de la colectivización tanto de los sufrimientos como de los objetivos a lograr. Éste último aspecto – el de la colectivización – es de los más importantes. Es precisamente éste que nos puede ayudar a desarrollar la conciencia DE CLASE, fundamental para la necesaria unidad que hace falta para pelear nuestros derechos y, luego, nuestra hegemonía como trabajadores.




LÓGICAS

Nuestras responsabilidades están ya enormes para mejorar nuestras condiciones de trabajo y de vida inmediata. Pero no se paran allí. Van mucho más allá. El país está pasando por momentos sumamente difíciles. Es de nuestro deber analizarlos y comprenderlos, siempre a partir de nuestros intereses de clase, articulados con los del pueblo entero y participar activamente en su resolución. Para así lograr no sólo definir una orientación que corresponda a este proceso sino también organizarnos para hacerla vigente.

De hecho, la movilización en pié se refiere a demandas civiles justas y plenamente consecuentes. Además, está sumamente organizada, determinada y con una elevada capacidad de movilización. Sin embargo, aunque también menciona el salario dentro de las reivindicaciones, faltaría colocar a éste último en su lugar determinante y, consecuentemente, entender la coherencia del sistema, su intrínseca lógica, justamente para poder combatirlo mejor.


¿Cómo funciona?

Durante la remota época colonial, los colonos ciertamente no habían venido hasta acá a evangelizar ni a “civilizar”, sino a explotar la mano de obra esclava. Igualmente hoy, los imperialistas, junto con los capitalistas locales, a lo que vienen primero y fundamentalmente, es a explotar la mano de obra que, a propósito, hicieron la más barata posible en éste “tercer mundo” de ellos.

De hecho, las ramas de la economía que, en Estados-Unidos, no lograron, por falta de mecanización avanzada, estabilizar sus ganancias según la tasa promedio – en particular las del textil precisamente – lo primero que se les ocurrió fue venir en los países como los nuestros a aprovecharse de la descomposición ya planeada tanto de la economía local como de las formaciones sociales en sí, dando lugar por un lado a la pérdida de la autosuficiencia alimenticia y, por el otro, a la mano de obra llamada “libre” pero en realidad casi esclava que, de la manera la más descarada, llaman por su bajísimo valor logrado: “ventaja comparativa”, dentro de la competencia capitalista de sus “mercados”. Es la lógica de la Zona. Allí: así nos planean, fríos. Allí: así nos morimos, deshumanizados, humillados…

Dentro y para éste proceso, ¡es necesario el altísimo desempleo, para forzar al piso el salario; es necesario el alto costo de la vida y la depreciación de la moneda local, para rebajar aún más el salario real; es necesaria la educación atrofiada, para un cerebro esterilizado; es obligatoria la pobreza de todo el pueblo, extrema y generalizada, para que cualquiera, en cualquier momento, esté dispuesto a aceptar cualquier salario! La Zona y el Bario: ¡una sola lógica!

Para esto, ¡la represión del Estado! Frente a los movimientos populares de lucha: de paro, de huelga, de movilización, de reivindicación… por justas que sean. La represión del Estado para garantizar las estructuraciones del Fondo, del Banco Mundial, garantizar los robos de todos los bancos y del aparato mismo. Pero, sobre todo, la represión del Estado dentro de las fábricas, ¡para garantizar las ganancias!

La Zona, el Barrio y la política del Estado: ¡una sola lógica, LA DE LA EXPLOTACIÓN!


Por eso

…que urge la obligación de entender a cabalidad la importancia que tenemos, nosotras mujeres obreras. No por el ridículo afán de “tener importancia”, sino porque, por profundas razones históricas y estructurales, nos encontramos, hoy en día, en el preciso lugar de la mayor importancia: el de ser las principales trabajadoras de las Zonas, punto clave y esencial del sistema entero.

…que tenemos la obligación de divulgar este conocimiento, hacerlo también entender, interiorizar y concientizar a todas nuestras compañeras de trabajo, de barrio, al igual que a todos nuestros compañeros de hogar, familia y demás, a todas y todos que podamos encontrar dentro de nuestra UNIDAD DE CLASE, junto con nuestros aliados del Pueblo entero, dentro de nuestro Campo, nacional como internacionalmente.

…que tenemos la oportunidad de jugar el papel el más alto, humanamente hablando, en transformar éste conocimiento, éste entendimiento, ésta conciencia… en MATERIA MOBILIZADORA y, así, alcanzar, por la lucha, las esperanzas de la humanidad entera.

¡ABAJO UN 8 DE MARZO RECUPERADO Y ALIENANTE!

¡VIVA EL 8 DE MARZO DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA COMBATIENTE!

¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!

¡VIVA LA LUCHA COMBATIVA DE LOS TRABAJADORES!

¡VIVA LA LUCHA DEL PUEBLO VALIENTE!