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ACLARACIÓN DE BATALLA OBRERA

Frente a la ofensiva del patronato haitiano como extranjero para tratar de intimidar a Batalla Obrera en su lucha sin tregua, particularmente en interés de los obreros quienes sufren la tremenda explotación de las clases dominantes haitianas y del imperialismo bajo el label “sector privado de los negocios” o “inversionistas extranjeros”, creemos indispensable aclarar algunos puntos, para responder a ciertas alegaciones y desinformaciones que pretenden que Batalla Obrera:

• Sería una organización ilegal;

• Tuviera una posición contradictoria con respecto a las zonas francas;

• Estaría “en contra del trabajo”, en otras palabras: que, por su combatividad, lo que estaría buscando es “cerrar las fábricas”.


“UN HIMALAYA DE CADAVERES…” para “… UN PORVENIR A LA PUERTO-RICO”!

A todos nuestros detractores, empezamos por responder que Batalla Obrera es un movimiento combativo y autónomo que nació de la lucha misma de los trabajadores los más pobres y explotados como en la de las masas populares en general. Para Batalla Obrera, una de las constantes en la lucha del movimiento popular es la desviación de sus verdaderas luchas por las clases dominantes, con el propósito de pisotearlas a la vez que buscan cogerle la dirección. La historia del movimiento obrero haitiano ha demostrado la necesidad para las clases dominadas de preservar su autonomía si quieren defender sus propios intereses. Es la razón por la cual los representantes de la burguesía están en campaña para impedir que Batalla Obrera, organización realmente autónoma, desarrolle relaciones orgánicas con los trabajadores.

Los patronos, a través de sus propias organizaciones (Asociación de Industriales Haitianos / Cámara de Comercio / Centro para la Libre Empresa y la Democracia…), en varias circunstancias toman posiciones claramente políticas. Mientras que en esas organizaciones proclaman defender sus derechos económicos. Y son ellos mismos que prohíben que los sindicatos defienden los derechos políticos de los obreros y van hasta contestar la existencia misma de dichas organizaciones aunque en papel y palabras dicen aceptar la.

Es en ese contexto que el patronato por una parte acusa a Batalla Obrera de ilegalidad y, por otra, alega que ésta organización defiende posiciones políticas. El patronato conoce muy bien y de cerca las relaciones entre lo económico y lo político. La verdad es que su propósito es tratar de darle directivas a los obreros y a sus organizaciones autónomas. Los patronos aceptan colaborar con dirigentes de centrales sindicales para hacer política – como por ejemplo en luchar para tratar de derrocar a un gobierno – pero prohíben al obrero el derecho de hacer su propia política de manera independiente.

Que lo sepan todos nuestros detractores: nuestra Intersindical Primero de Mayo – Batalla Obrera, está debidamente registrada en el Ministerio de Asuntos Sociales y del Trabajo, con el número STA4-00760, desde el año 2001. Registro renovado el primero de octubre del 2003, expirando en el 2005. Eso para responder a la primera alegación mentirosa sobre nuestra supuesta ilegalidad.

Nuestra Intersindical Primero de Mayo – Batalla Obrera se reclama de la primera Unión Intersindical Haitiana (UIH) e igualmente de las grandes luchas obreras llevadas en Chicago, Estados-Unidos de América, desde el 1886. Recordemos que en este vecino país, los obreros y obreras se levantaron en masa contra el número ilimite de horas que el patronato se les exigía para un salario de miseria. La Unión Intersindical Haitiana fue desmantelada por François Duvalier quién, desde sus primeros momentos, prometía para Haití “…un porvenir a la Puerto-Rico” y, para eso, toda protesta, toda reivindicación, toda movilización en contra de las inversiones extranjeras que pensaba atraer, estarían traducidas por “…un Himalaya de cadáveres”!

El “Himalaya de cadáveres” sí tuvo lugar. El “porvenir a la Puerto-Rico” está en curso.

Recordemos que la puesta en marcha de este proyecto empezó primero por la terrible represión de los años 60 que golpeó a los movimientos obrero, campesino y estudiantil. Luego, ésta represión llegó a la eliminación de los puercos nativos, ahorro del campesinado pobre, y la continua destrucción de la producción nacional (azúcar, arroz, artesanía vestimental, café…). Este total desmantelamiento tenía sin embargo un objetivo no declarado: por una parte, destruir la alternativa de producción nacional y, por otra y para eso mismo, acelerar la liberación de la fuerza de trabajo rural para transformarla en mano de obra en las ciudades, particularmente en el sector industrial de ensamblaje. Así destruida y, de ahí, lo más desvalorizada posible, ésta mano de obra “barata” representa lo que los burgueses junto con sus distintos gobiernos reaccionarios llaman su “ventaja comparativa” con respecto a otros países. Es esa realidad, atroz, de desvaluación económica y humana, de desesperación y huída perpetua, que la burguesía junto con sus sucesivos gobiernos reaccionarios encabezando uno tras otro este Estado en putrefacción, llaman triunfalmente su “proyecto de desarrollo”, su proyecto de “creación de empleos”… esencialmente basado en esa “ventaja comparativa” de la cual la industria capitalista de ensamblaje tiraría los mejores frutos.

¿EN PRO O CONTRA DE LAS ZONAS FRANCAS?

Contrario a las clases dominantes y sus representantes, contrario a los inversionistas extranjeros y sus gobiernos, las zonas francas, momento extremo del proceso sus-citado, no representan pues, para nosotros, un proceso de desarrollo eficaz en el interés de los trabajadores tampoco para el país.

Ya, desde la construcción de las primeras fábricas, y del parque industrial, la explotación y la dominación de los trabajadores haitianos se revelaron extremadamente nefastas y humillantes: la “ventaja comparativa” de esta mano de obra barata exigiendo un salario nominal y real de lo más miserables, una represión antisindical permanente y, finalmente, una indigencia generalizada en seno del pueblo, para que ahí cualquiera en cualquier momento esté dispuesto a aceptar cualquier salario de miseria.

Las zonas francas representan lo peor en este infierno sistematizado de explotación y de dominación capitalistas. De hecho, estos enclaves participan, primero, a la aceleración de la destrucción de la producción local, tanto agrícola como manufacturera y también del medio ambiente, bloqueando así cualquier desarrollo nacional harmónico. Además, reducen el control estatal en pura ilusión, dada la incapacidad de intervención de los organismos responsables (Ministerio del Interior, Oficina del Trabajo, Aduanas, Policía…), en el más completo menosprecio de los derechos constantemente pisoteados de los trabajadores en esos espacios de cárcel. Finalmente, las zonas francas, por su legislación totalmente libre y abierta, no hacen más que favorecer tráficos ilícitos de todas clases.

Es por todas esas razones que desde el principio hemos condenado ese tipo de proyecto de desarrollo que no puede de ninguna manera proteger los derechos de los trabajadores, ni representar una orientación adecuada para un desarrollo endógeno, soberano, duradero y próspero en beneficio de la nación haitiana.

El patronato hace resaltar que debido a que Batalla Obrera está en contra del establecimiento de zonas francas ¿por qué allí quiere estar presente al lado de los trabajadores? A eso, contestamos que donde quiera que estén explotados los trabajadores haitianos, es de nuestro deber y de nuestro entero derecho en el marco de la relación Capital-Trabajo, de luchar para que se respeten los derechos de los trabajadores. Y, como organización de defensa de sus derechos, ningún patrón puede rechazar la presencia de los delegados de la Intersindical Primero de Mayo – Batalla Obrera en negociaciones o cualquier otra actividad implicando sus afiliados tanto como sus representantes. Libre está la organización sindical afiliada de decidir sobre aquello, sin tener que sufrir ninguna ingerencia de parte del empleador. Las disposiciones de la convención OIT sobre la libertad sindical y la protección del derecho sindical No. 87 del 1948, deben de ser aplicados por el patronato sin condición alguna, tampoco discriminación.

El Grupo M, propietario dominicano de la compañía Codevi que explota la zona franca de Ouanaminthe, es muy conocida por su brutal, arbitraria e ilegal actuación en contra de los obreros de sus distintas fábricas en tierra vecina. Basta con tomar conocimiento de todas sus exacciones reportadas en informes tanto nacionales como internacionales (ver al respecto los informes CISL, ALGI… mencionados en el sitio web de Batalla Obrera – http://www.batayouvriye.org). Son ellos mismos, los responsables del Grupo M, quienes han llamado el ejército dominicano en tierra haitiana, luego al supuesto “ejército rebelde” acantonado en Ouanaminthe después de la salida de Aristide, con el propósito de reprimir los obreros haitianos arbitrariamente e ilegalmente botados de la fábrica.

Hay que notar que el Estado haitiano hasta la fecha no se ha pronunciado sobre este asunto. Nueva prueba (si hacia aún falta) de su incapacidad de intervención dentro de este enclave totalmente controlado por el Grupo M, el cual tiene a su beneficio propio una versión tentacular sobre todo el Noreste de Haití.

Frente a este estado de cosas ¿No estaría normal que los miembros del sindicato de los obreros de Codevi, el SOCOWA, participando en las negociaciones con los responsables de la compañía, pidiesen la presencia de los delegados de sus camaradas de la Intersindical Primero de Mayo – Batalla Obrera? El rechazo por parte del Codevi / Grupo M de aceptar este justo y legal pedido es una forma más de discriminación antisindical, portando prejudicio a los trabajadores del SOCOWA, por razón de su afiliación.

“DAR TRABAJO, CREAR EMPLEOS…”: UN ARGUMENTO NETAMENTE INSUFICIENTE

Para no tratar con la Intersindical Primero de Mayo – Batalla Obrera con la cual el sindicato de la zona franca de Ouanaminthe está afiliado, el Sr. Fernando Capellán y sus aliados haitianos argumentan que Batalla Obrera estaría “en contra del trabajo” (¡sic!). A lo cual contestamos, primero y simplemente, que en la época colonial, ¡los colonos también pensaban estar “dando trabajo”! Pero, seguramente, ¡a esclavos! En las condiciones infrahumanas que conocemos. Son parecidas condiciones, hoy disfrazadas, que los propietarios de fábricas tratan de establecer de nuevo en Haití, queriendo desviar la atención con sus falsas alegaciones en nuestra contra.

Los patronos haitianos y dominicanos saben muy bien que el porvenir de sus fábricas es efímero, dependiendo que está del bajo costo de producción que países como los nuestros están obligados de aceptar para recibir las inversiones extranjeras. Bajo costo de producción que en nuestros países no se puede obtener que por una explotación más y más terrible de los obreros. ¿Porqué, entonces, son las organizaciones obreras las que tienen que llevar la responsabilidad de tal fragilidad? Los patronos saben mejor que nadie que funcionan estrangulados por la lógica de su famosa “ventaja comparativa” con respecto a las burguesías de otros países, todos bajo la completa dominación de los capitalistas de las empresas multinacionales. El deber de Batalla Obrera es explicar eso a sus adherentes y al pueblo haitiano en general. Los patronos “dan trabajo”, cierto, pero ¿con qué condiciones y en qué contexto? Así que nuestras luchas para la defensa de los derechos de los trabajadores no pueden ser asimiladas a un proyecto de destrucción de las fábricas como lo pretenden nuestros detractores. Este argumento está netamente insuficiente y, en realidad, ¡banal!

Nuestra práctica en las fábricas no se incluye dentro de una problemática de destrucción. Esta presencia consiste solamente en defender a los trabajadores dentro del marco de las relaciones Capital/Trabajo. Los patronos, por su parte, tratan de utilizar un concepto de “fábrica”, unitario, que busca ocultar dichas relaciones, para así mejor dominar los obreros. Por parte nuestra, nuestra posición está clara: en la fábrica, Batalla Obrera está del lado de los trabajadores, frente a los capitalistas. Esta situación de oposición es obra del capitalismo mismo. No somos responsables de ella. Las maniobras patronales son parte de sus luchas cotidianas, permanentes contra el trabajo. Luchas que se exprimen generalmente por despedidos arbitrarios, acosos extremos, intimidaciones, bajos salarios, altas tarifas, cierre de fábricas con acuerdo del Ministerio de Asuntos Sociales y del Trabajo, tratando de obtener así la sumisión la más completa de los trabajadores. Por eso el patronato no quiere tener en frente un sindicato combativo, una organización obrera autónoma. De allí su aversión con respecto a nosotros.

Claro, este patronato está forzado de reconocer algunos derechos a los obreros pero quisiera que se quedasen en el papel y no aplicarlos jamás. Batalla Obrera, por su parte, exige que se respeten los derechos obreros estipulados en los códigos, a pesar de sus evidentes límites. Y es también de nuestro derecho de exigir que haya nuevos, más avanzados. Como se puede ver, no buscamos cerrar fábricas o zonas francas. Si respetar los derechos de los trabajadores equivale a cerrar fábricas y convertirse en comerciante o meterse en toda clase de tráfico ilícito en vista de aumentar el costo de la vida, los patronos son los únicos a cargar con la responsabilidad de sus actos.

Lo que, sin embargo, sigue sumamente inquietante, es el silencio de los gobiernos frente a este creciente antagonismo. En el ambiente del ensamblaje, fábricas sueltas o parques industriales, los patronos gozan ya de una descarada impunidad. Denunciamos sus efectos perversos en la vida de los trabajadores y el porvenir del pueblo haitiano en general, en una publicación intitulada “La impunidad patronal: ¡característica clave de la crisis actual!”. Donde demostramos cómo la impunidad política va junto con la, económica, de los patronos, ambas necesarias a la libertad sin límites que se proponen las clases dominantes en detrimento de los trabajadores. Y de hecho, al salir este documento, el gobierno de turno, Lavalas por el momento, hacía el que no sabe de qué se trata, dejando empeorarse una situación ya infernal para los obreros. Hoy, mientras que siguen las exacciones las más descaradas en las fábricas de Puerto-Príncipe, en la primera zona franca de Ouanaminthe, el Grupo M llegó a llamar al ejército dominicano en tierras haitianas para golpear a los trabajadores. Nuestros llamamientos hacia una intervención del actual gobierno y nuestros pedidos de encuentro con sus representantes para tratar de la situación, han quedado perfectamente ignorados. ¿Se trataría, en pleno bicentenario de esta tan lejana independencia, de un nuevo acto - hoy más avanzado y definitivo – del permanente complot siempre organizado en el sudor y la sangre del pueblo haitiano?

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