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LA IMPUNIDAD DE LOS PATRONOS: CLAVE PARA ENTENDER LA CRISIS HAITIANA ACTUAL

Este texto se basa en una presentación nuestra hecha en Paris, el 24 de junio del 2000, en una asamblea de Amnesty Internacional, bajo el tema: “Haití, derechos y libertades aún en peligro”.


En todos los medias, al igual que en cualquier conversación o libro, uno de los grandes temas es la IMPUNIDAD: falta cometida, sin recibo de sanción alguna, de tal forma que la persona, el grupo o la organización culpable, puede siempre seguir con las mismas prácticas denunciadas, sin problema.

De la impunidad de que se trata, es, por lo general, de los derechos humanos, represión política, o, a veces, robos (pequeños o enormes) en el Estado. Detrás de éstas denuncias, está el “Estado de Derecho” que se quiere establecer en el país. Pero, dentro de este mismo “Estado de Derecho”, NUNCA se oye hablar de la IMPUNIDAD DE LOS PATRONOS, sea en fábricas o talleres. ¡NUNCA! Y nosotros obreros, trabajadores de toda clase, quienes vivimos concretamente y cotidianamente ésta impunidad de los patronos, somos los primeros en saber cuánto nos trastorna eso las conciencias, cuánto destruye siempre nuestras organizaciones de clase, cuánto nos imposibilita la vida.

Profundamente: ¿qué lo que explica que, en un supuesto “Estado de Derecho”, nunca nadie habla de una clase de impunidad bien específica, la de los patronos?

Simplemente porque el “Estado de Derecho”, siempre, se construye EN BENEFICIO DE LOS PATRONOS. Viene a ser, entonces, de estratégica importancia nunca hablar de la impunidad de ellos, tapándola, precisamente, con hablar única y altamente de todas las demás.

En el marco del capitalismo extremo que tiene lugar en Haití, la burguesía local nunca ha podido desarrollar fuerza como para derrocar los arcaicos latifundistas. De allí, al contrario, su alianza con estos últimos, proceso que, en la esfera económica y por la naturaleza misma de los terratenientes, refuerza aún más la impunidad del campo dominante.

Para nosotros obreros, trabajadores de toda clase, pueblo en general, el “Estado de Derecho” no propicia una situación favorable para nuestra verdadera emancipación: son SUS leyes, en el marco de SU construcción global y, por eso, van siempre en CONTRA de nuestros verdaderos intereses. No es allí, pues, que encontraremos real satisfacción. Sin embargo, es importante luchar en este campo, pues en este mismo proceso, construyamos los arranques de nuestras organizaciones autónomas. Y para esto, entender a cabalidad el funcionamiento interno de la construcción dominante, es uno de los primeros actos sistemáticos necesarios. De allí la importancia del texto a continuación. Si, a veces, toma naturalmente forma de denuncia, está principalmente hecho para que precisemos mejor los MECANISMOS de la DOMINACIÓN.


Propician esconder la impunidad de los patronos porque es fundamental para ellos, pero también para no dejarse entender las causas profundas de la crisis que atraviesa hoy en día la sociedad haitiana y, sobre todo, para que no se perciba, justamente, que ÉSTA IMPUNIDAD ES PIEDRA ANGULAR DE LA LÓGICA DE LA CRISIS. En este sentido, debemos analizar no sólo el papel de todas las corrientes políticas que, así escondiendo la impunidad de los patronos, actúan conscientemente a favor de la burguesía, sino también el rol de Lavalas, particularmente, que produce y gestiona con todos sus poderes, la mistificación social necesaria.

Para poder definirse claramente, todos estos camaleones deberían pronunciarse sobre la impunidad EN TODA SU PROFUNDIDAD y, sobre todo, en su aspecto el más permanente: ¡LA IMPUNIDAD DE LOS PATRONOS!

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EXPRESIÓN CONCRETA DE LA IMPUNIDAD DE LOS PATRONOS

En la lucha cotidiana de la clase obrera, la impunidad de los patronos es un obstáculo mayor. Es reflejo de una relación de fuerzas dónde el Capital, con capacidad de poder máximo, domina de una manera extrema el Trabajo.

Duvalier, durante sus casi treinta años de poder, se empleó en sistemáticamente destruir las organizaciones autónomas de la clase obrera. De tal manera que, hoy en día, este grupo social se encuentra sumamente atomizado, debiendo sufrir, además, toda la desarticulación que trata de infligirle las centrales podridas. Esta clase obrera - además compuesta básicamente de campesinos recién llegados a la ciudad - está así totalmente cortada de sus históricos orígenes de lucha y, siempre joven, se encuentra en este medioambiente con una burguesía culta de su poder, organizada y apoyada económica, política y técnicamente por el imperialismo.

Este medioambiente pues, marco en el cual se mueve sin límite la impunidad de los patronos, se inicia en una dominación directa en contra de los trabajadores. Para empezar, dentro de la fábrica, el Código del Trabajo está sistemáticamente echado de lado. No sólo con respecto al salario o las prestaciones legales sino también en las relaciones de trabajo dónde, además de las condiciones pésimas, están siempre presentes la humillación, el acoso sexual permanente, al igual que el abuso físico. Y, cuando frente a eso, los trabajadores tratan de organizarse, la represión anti-sindical surge irremediablemente, sea en no reconocer el sindicato (y, de una vez, los derechos reivindicados) o, más radicalmente, operando revocaciones masivas, llegando a llamar la policía para reprimir corporalmente a los obreros. Una vez, entonces, frente al Estado (Ministerio de Asuntos Sociales, Tribunal del Trabajo…), asistimos a unas descaradas decisiones, siempre y únicamente a favor de los patronos. Así, no sólo el Estado no se preocupa por el respecto de la ley de parte de los burgueses, sino también que los protege.

Es que la impunidad de los patronos se mueve en un marco político-económico específico, expresión de un global proceso social.

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LA IMPUNIDAD EN EL MARCO DE LA ACUMULACIÓN DEL CAPITAL DE LA BURGUESÍA LOCAL

Entre las clases dominantes, la BURGUESÍA es el principal actor en la formación social haitiana hoy en día: es PARA ELLA, su establecimiento, consolidación y desarrollo como clase hegemónicamente dirigente, que toda la organización de la llamada “democracia” se hace. En los principales medias, de lo que se trata es de su agenda económico-política: inversiones, “desarrollo”, liberalización, privatización, zonas francas, elecciones… La estabilidad político-social que se busca, es para su total explotación de los trabajadores y su mejor dominación de las masas en general.

La burguesía haitiana ha sido siempre muy débil frente a las fuerzas pre-capitalistas que existen en ese país. A pesar de los esfuerzos hechos para establecer su hegemonía, nunca ha podido llegar a un éxito real y permanente. Las contradicciones en el proceso desarrolladas, han llevado a crisis muy profundas e inestabilidad constante. Ya fue el pretexto para la primera ocupación americana del 1915. Con esa ocupación, el capitalismo, globalmente, tuvo cierto auge pero la burguesía local fue a la misma vez muy sacudida por ésta ola de fondo del imperialismo. Agravando así su incapacidad estructural. De tal forma que, no mucho después del final de la ocupación, ya se abría una gran brecha para la aparición de una burguesía burocrática y, así, nuevas contradicciones aún más profundas en el bloque dominante.

Con el desarrollo de las maquilas, la necesidad de una transformación del Estado junto con cierta apertura democrática y, para esto, la obligación de reestructurar el bloque en el poder, entramos en una nueva crisis, ésta vez en el interior de la burguesía misma, crisis que, por ser más y más profunda, llegó a desembocar en la crisis del Estado que conocemos y, luego, en una totalmente generalizada.

Las brechas enormes que deja ésta crisis generalizada, permiten, principalmente durante el golpe de Estado de 1991, el desarrollo fulgurante de tráficos ilícitos (droga, contrabando…), procurando así una base para una nueva ola de acumulación rápida. El gobierno Lavalas representa casi abiertamente este sector y en su alianza (la famosa “reconciliación”) con las capas más altas y reaccionarias de la burguesía (monopolista, financiera, pro imperialista) por una parte y, por otra, con los macouts (grandes y median os terratenientes), ella, con este poder que exigieron total, garantiza el proceso.

La obligación - junto con la posibilidad - histórica de tal proceso, exige la capacidad - la necesidad - de una impunidad máxima y, en tal momento, la tasa de ganancias tendiendo a ser la más alta posible, se necesitan mecanismos adentro como afuera del espacio industrial para asegurar su libre funcionamiento. De hecho, adentro, veremos los salarios estancarse, mientras la jornada de trabajo se extiende con exigencia de tarifas siempre más y más elevados. Afuera, asistimos paralelamente a un período de aumento drástico del costo de las mercancías de primera necesidad por parte de los grandes comerciantes, aliados naturales de los industriales, junto con una permanente devaluación de la moneda local, la “gourde”, ya que, en las maquilas u otra fábrica de zona franca, los capitalistas tienen ganancias en dólares mientras pagan el trabajo en gourdes. Así, el salario real se va por el piso, …como esperado.


LA IMPUNIDAD EN EL MARCO DE LA DINÁMICA ESTATAL ACTUAL

Este proceso, necesitando de una garantía total para su desarrollo, la impunidad de los patronos no se imagina sin un papel fundamental del Estado (legislación, tribunal, fuerzas represivas…). Aparece pues, a primera vista, que el Estado tiene un rol básica y únicamente de policía. Sería cerrar demasiado rápido las avenidas que ofrecen el Estado capitalista materializándose.

Duvalier, mientras aseguraba la acumulación del Capital de una manera jamás vista ( “La más sencilla protesta obrera estará acompañada de un Himalaya de cadáveres” - ¡! - pronunció en un discurso del 1960, anunciando así una de las olas represivas más sangrientas en contra del movimiento obrero, que tendría lugar del año 1961 al 1963), inauguró al mismo tiempo una era de corrupción también jamás vista en la historia del país. Hoy en día, este doble papel está otra vez jugado por el gobierno Lavalas. No es por nada que el pueblo le dejó ya a ellos un nombre significativo: “gran manjè” (comelones) !

Frente a la constante movilización de las masas, hartas y al borde del estallido, la imperativa y tan constante necesidad de represión se hace naturalmente consecuente. Con este escenario, las clases dominantes tienen que apelar permanentemente a un Estado tirano. De este punto de vista, la ‘delincuencia’ de este último pasa no sólo a ser segundaria sino que CORRESPONDE al momento de este tipo de acumulación. Asesinatos, represión, censura, … dictadura: LA IMPUNIDAD POLÍTICA, en correspondencia histórica, NO HACE MÁS QUE ACOMPAÑAR LA DE LOS PATRONOS.

Hoy en día, el extremo de capitalización (drogas, corrupción generalizada, contrabando, pero también bancos, monopolios, zonas francas…) llega a EXIGIR otra vez los ASESINATOS que conocíamos en la época duvalierista.


LA IMPUNIDAD EN EL MARCO DE LA DOMINACIÓN IMPERIALISTA

Si, en medio de las clases dominantes, el principal actor es la burguesía local tratando de establecer su hegemonía, el real agente organizador de este preciso proyecto es el imperialismo. En efecto, algunas ramas de la economía norte americana, no lograron actualizar a cabalidad su maquinaria y modernizar lo bastante su producción (como, por ejemplo, lo fue para las industrias de la aguja). Sus tasas de ganancias empezaron poco a poco a pasar por debajo del promedio, hasta llegar a estarlo demasiado. Lo único posible era entonces buscar otros lugares dónde recomponer la plusvalía necesaria. La mano de obra llevada a estar sumamente barata en los países del “tercer mundo” ofreció esa alternativa. Así empujados en su propia lógica a exportar su capital, los burgueses de los países industrializados, no sólo buscaban mercado dónde vender sus productos sino que, sobre todo, buscaban apropiarse de la mano de obra muchísimo más barata que en su propio país.

Para esto, había que preparar el terreno económica y políticamente. Este proceso previo, aunque siempre respondiendo a los mismos principios básicos (destrucción de las capacidades locales de valorizarse) varía según las formaciones sociales en presencia. En Haití, la destructuración de la economía nacional empezó con un sistematizado ‘dumping’, al mismo tiempo que se desarrollaba sobre todo el territorio la masacre de los puercos criollos, última reserva de un campesinado ya altamente empobrecido. La eliminación de la producción de azúcar y la destrucción de la de arroz iba junto con un sin número de “ayudas alimenticias” anulando así gran parte de los productos agrícolas locales. Más recientemente, empezó el mandado, también sistematizado, de los llamados “pèpè” (pacas), haciendo desaparecer paulatinamente a casi todos los oficios artesanales…

Buscar la mano de obra barata quiere obligatoriamente decir, al mismo tiempo, mantenerla en este mismo estado. Pues: un salario nominal que no debe ni puede subir casi, uno real también de miseria, y, lógicamente, la imposibilidad para la clase obrera de luchar en contra de esto. De allí la represión anti-sindical feroz adentro y afuera de la fábrica, de allí la necesidad de las fuerzas represivas y de todo el aparato de un Estado corrupto y orgánicamente a favor de tal situación. De allí la aceptación concreta de Aristide y todo el Lavalas en el poder y el apoyo implícito que se le da la dicha “comunidad internacional” a ésta formación política, a pesar de las presiones que se le hacen formalmente.

Pero, también, buscar la mano de obra barata Y PODER OBTENERLA, quiere decir EXIGIR, al mismo tiempo, LA MISERIA LA MÁS ABSOLUTA DEL PUEBLO ENTERO, para que cualquiera de nuestros compañeros pueda, en cualquier momento, estar dispuesto a aceptar cualquier salario!



Tener clara ésta lógica global, es comprender el momento exacto del funcionamiento profundo de la sociedad haitiana de hoy.

… Y ver, pues, cuán importante, imprescindible, estructurante está LA IMPUNIDAD DE LOS PATRONOS. De hecho, es dentro de ella que se entienden las relaciones sociales actuales fundamentales del país; es a partir su entendimiento que podemos analizar la existencia, la forma y la profundidad de la crisis actual; y, finalmente, es sólo ella quién nos rinde la base para comprender y evaluar la lógica de la impunidad política y general que se amplifica.

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Los obreros, en su lucha permanente contra los abusos de los capitalistas, en germen se oponen cotidianamente al proyecto entero. Cuando ésta batalla les lleva frente al aparato del Estado, palpan las ataduras que existen entre las esferas económicas y políticas. Les hace falta, organizándose en el combate mismo, llegar a una madurez de conciencia para, de una manera hegemónica, jugar su papel histórico y llevar, en el movimiento de su emancipación, a todos los trabajadores, al pueblo entero. Este último, en lo que cree ser su ‘desgracia’, siente, a pesar de todo, la mano concreta del Estado y, poco a poco, sabe que no es entonces “por casualidad”. Les hace falta, en el desarrollo organizacional de su batalla, llegar a ponerse frente a la lógica del sistema, a su estructurada y dinámica globalidad: para darse cuenta de las infinitas articulaciones entre el aparato represivo y las clases dominantes tanto como de la preponderancia del proyecto capitalista en todas sus facetas.

Así, todos los oprimidos podrán no sólo entender los mecanismos profundos y detalles más mínimos de su opresión, pero, sobre todo, salir de ella.


BATAY OUVRIYE SEPTIEMBRE DEL 2003

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