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SOBRE LAS DIFICULTADES QUE LOS TRABAJADORES HAITIANOS SUFREN EN REPUBLICA DOMINICANA

16 de Diciembre, 2005

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"¡Si Dessalines estuviera aquí, Fernández no estaría aquí!
¡Si Dessalines estuviera aquí, la MINUSTAH no estaría aquí!"

[Consignas de manifestantes frente al Palacio Nacional durante la visita del jefe de Estado dominicano, 12/12/2005]

Durante el 2005, los trabajadores y pequeños comerciantes haitianos en República Dominicana fueron víctimas de los peores horrores. Miles y miles de deportados, bajo condiciones completamente inhumanas e ilegales, en donde el pútrido hedor del racismo invariablemente se hacía sentir al punto de que dominicanos negros eran a veces acorralados como parte del grupo haitiano. Cientos y cientos fueron asesinados, quemados vivos, perseguidos y sumariamente expulsados en Santo Domingo, Santiago, Mao, Barahona, Higuey... Sus casas fueron incendiadas, sus bienes personales robados... incluso los estudiantes haitianos en este vecino país fueron tratados miserablemente. Todo esto ocurrió ante los ojos de la policía y de las autoridades locales, así como ante los ojos de las autoridades centrales que estaban absolutamente al tanto de estos crímenes, pero prefirieron negar los hechos y tacharlos, a lo más, de “incidentes aislados”. El nivel del conflicto se incrementó un poco cuando el propio presidente dominicano complicó aún más la situación al verborrear sobre los trabajadores inmigrantes haitianos "è pa fuera que van!"1. El alto clero de la Iglesia Católica también hizo lo suyo, apoyando estos actos criminales e incluso procedió a organizar la expulsión de un sacerdote leal a la causa haitiana, el padre Ruquoy.

Y más encima, los medios de la clase dominante se entregaron a una ofensiva ideológica sistemática orquestada por la extrema derecha. En la transmisión de varias estaciones de radio, se retransmitieron ciclos de canciones conmemorativas de las masacres de 1937. Y los periódicos de mayor renombre (El Nacional, Listín Diario, Hoy, Caribe...) ostentaron artículos y editoriales (!) en los cuales el chovinismo, un abierto racismo y el más flagrante arcaísmo competían sólo con la más completa estupidez de sus argumentos.

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Las clases dominantes haitianas están confundidas. Están demandando leyes para regular la emigración. Están sopesando el “enorme problema” de la presencia haitiana. Pretenden enmendar la Constitución para que llegue al extremo de que la cuestión del jus soli se refiera a ese “conglomerado humano” –un eufemismo con que hablan de la República de Haití. Están incluso citando ‘encuestas’ reveladoras acerca de la supuesta “preocupación dominicana” por tener una “política extranjera más radical”, frente a lo que llaman – ahora – una “invasión”... La idea tras todo esto es, por cierto, crear una fachada que les proteja de la condena de las organizaciones de derechos humanos, así como de similares instituciones internacionales de alto perfil, o de artículos en los medios norteamericanos que simplemente describan la realidad tal cual ocurre, a fin de proteger su “imagen turística”... ¡Así no más! Los crímenes en realidad les fueron perfectamente indiferentes – su “imagen” era su única preocupación2.

Las clases dominantes dominicanas están entrampadas también porque la mano de obra haitiana, pese a todo, sigue siendo importante, necesaria y esencial para su economía. La mano de obra haitiana es necesaria para la cosecha de la caña de azúcar y para la producción de tabaco y arroz. Es además abundantemente empleada en la industria de la construcción y se halla, frecuentemente, presente en el pequeño comercio, por ejemplo, de ropa usada. Todas estas actividades se fundamentan en la mano de obra barata de los trabajadores inmigrantes haitianos diz que “ilegales”, pero también influyen en la “presión negativa” sobre los salarios de la clase trabajadora haitiana, crucial para la histórica acumulación de riquezas de la clase dominante dominicana, al menor costo. Y de hecho, es precisamente esta contradicción la que les roe.

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Hubo muy pocas visiones alternativas. Sin embargo, aquellos que apoyaron y agradecieron al padre Ruquoy por su compromiso y, de manera lúcida y franca, invirtieron el contexto social de la cuestión, criticando la política general del gobierno dominicano hacia los trabajadores (tanto haitianos como dominicanos), señalando que los trabajadores dominicanos debieran cuestionar duramente por qué ellos, tampoco, han obtenido jamás servicios adecuados de sus autoridades, en lugar de protestar porque unos cuantos haitianos con suerte se han beneficiado ocasionalmente del sistema básico de salud o vivienda. Esta postura progresista denunció, además, el hecho de que la izquierda dominicana ha mantenido, por decir lo menos, un perturbador silencio sobre esta materia3. Los inmigrantes dominicanos en Nueva York, sin embargo, se movilizaron vigorosamente para protestar frente a su consulado en los EEUU, plenamente concientes de los aprietos de los trabajadores inmigrantes. Fueron inmediatamente secundados por grupos haitianos progresistas, en su condición de inmigrantes también. Las noticias y denuncias de los asesinatos se hicieron conocidas nacional e internacionalmente gracias a las protestas de grupos solidarios como los GARR, PAPDA, ICKL y Batay Ouvriye de Haití... el Servicio Dominicano Jesuita para Refugiados y Migrantes, Movimiento de las Mujeres Dominico Haitianas y el Foro por la Preservación de la Paz y la Amistad Dominico Haitianas... así como de coordinadoras bi-nacionales – el Centro “Pon” (Puente).

Hugo Chávez, el presidente venezolano, a cargo del petróleo de su país, el cual está a precios preferenciales bastante codiciados, en una reciente visita a República Dominicana, tomó abiertamente partido por la causa de los trabajadores inmigrantes haitianos4. Leonel Fernández, el presidente dominicano, fuertemente presionado por las inquietudes del electorado de extrema-derecha que le apoya5, aceptó entonces una invitación a Haití para un espectáculo de reconciliación caballeresco, buscando así calmar a la opinión internacional, particularmente la de los turistas occidentales, así como la de los líderes venezolanos, según los intereses de las clases dominantes dominicanas. El discurso demagógico de Fernández se encaró a una manifestación que precipitó su apresurado regreso. Esta manifestación fue, sin embargo, cargada de gran confusión, que vinculaba las causas de los recientes asesinatos a la actual ausencia de un “Ejército Haitiano” o meramente a una supuesta “xenofobia” de la “gente dominicana”. Algunos manifestantes llegaron tan lejos como para proponer un espíritu de revancha en contra de los trabajadores dominicanos en Haití.

Entonces, se requiere de una más clara comprensión. Por sobre todo, mientras mejor se conoce, mejor se comprende. Más aún: con vista en la construcción de una respuesta seria, profunda, adecuada y definitiva para los pueblos y los progresistas genuinos en ambos países, que sirva como precedente para futuras acciones así como para buscar una solución.

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El principal elemento que debemos considerar (el cual es bastante manifiesto, pese a que esté obscurecido por la bazofia ideológica de estos tiempos neo-conservadores), una vez revelado, hace obvia a todo el resto de la estructura: ¡el primer y capital punto es que, en medio de estos horrores infernales, es sólo el pueblo, las masas explotadas, quienes han padecido: cortadores de caña, comerciantes pobres, campesinos pobres, artesanos, desempleados, gente sin casa, obreros...! Y si algunos estudiantes son también hostigados, debemos percibir claramente que no fueron sometidos a los mismos horrores inflingidos a los obreros. Más aún: ningún capitalista haitiano invirtiendo o vacacionando en el país vecino, ningún macoute asilado por sus compadres en República Dominicana, ningún tecnócrata clasemediero... tiene de qué preocuparse en República Dominicana; para ellos el maltrato está definitivamente fuera de lugar. Entonces, la cuestión decanta finalmente a ser, ante todo, un asunto económico, de clase.

Es cosa sabida que la emigración haitiana comienza hacia fines del siglo XIX – comienzos del siglo XX, con las oleadas de obreros de la caña que fueron hacia Cuba y la República Dominicana...Los horrores de los “bateys” son bien conocidos, en que las prácticas bárbaras de los dueños de los “Ingenios azucareros” superaban apenas a la esclavitud directa de los siglos previos. ¿Quién ha olvidado la masacre de 1937 en que entre 10.000 y 30.000 obreros inmigrantes pobres (dependiendo de las fuentes) fueron humillados, perseguidos y asesinados a punta de bayoneta por el ejército dominicano y por milicias formadas para tal propósito, siguiendo órdenes siempre de su Comandancia central? No todos, sin embargo, caen en cuenta que el ejército dominicano en 1962, entonces bajo órdenes del presidente Balaguer, incendió con napalm (!!) una comunidad completa de ciudadanos haitianos y dominicanos que demandaban la tierra para quien la trabaja. ¡Napalm! Ayudados por el ejército de los EEUU, el ejército dominicano intentó exterminar a este “movimiento obrero” signado por una cultura sincrética, el ‘Liborismo’. Esto ocurrió en Palma Sola6, en la provincia de San Juan de la Maguana, apenas cruzando la meseta central. Miles de rebeldes, de trabajadores haitianos y dominicanos, fueron quemados vivos desde sus bases aéreas.

El racismo entre el pueblo dominicano ha finalmente sido creado. Para algunos, es fruto de una propaganda larga y hondamente orquestada por las clases dominantes para quienes sus héroes nacionales debieran ser entronados en el centro de la Plaza de la Independencia en un blanco inmaculado. Fruto de una tumultuosa y patética esquizofrenia, en la cual el rechazo a verse a sí mismo es elevado, ad infinitum, por la negra presencia de los obreros haitianos. Este espejo de racismo/anti-haitianismo, organizado e impulsado por estas mismas clases dominantes al fin ha dado frutos. Pero sólo momentáneamente. ¿No es acaso este mismo pueblo hermano el cual masivamente votó por Peña Gomez? ¡Y no fue sino por las maniobras de Balaguer (algo reconocido, pues sino ¿por qué habría acordado renunciar dos años antes del término de su mandato?) que este negro, descendiente haitiano y conocido como tal, no pudo llegar al poder supremo del Estado, donde estuvo muy cerca llevado por el mismísimo pueblo dominicano!

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Entonces, debemos buscar las explicaciones en otra parte. Pues debiéramos recordar – o saber – que en el caso específico de la República Dominicana, el tráfico de obreros haitianos fue finalmente ¡regulado por contratos gubernamentales! De hecho, si bien bajo la administración de Estimé es que las líneas generales de este contrato fueron trazadas, es en realidad bajo el presidente Magloire que este proceso fue definitivamente sentado. Luego será sistemáticamente aplicado por los Duvalier, padre e hijo. ¡Estamos entonces ante un tráfico consolidado! Hoy en día, tales contratos no son más ley de hierro, pero las redes siguen existiendo. La prueba es que los recientes deportados a Ouanaminthe fueron inmediatamente re-encausados a través de la frontera por ciertos ciudadanos prominentes de esta ciudad, gracias a sus notables vínculos con los controles fronterizos, particularmente con el mismísimo ejército dominicano, que se echa exorbitantes comisiones al bolsillo.

Este tráfico (debemos casi decir ‘tráfico de esclavos‘ para todos quienes conozcan las condiciones de vida en los bateys), que involucra instituciones gubernamentales haitianas y que se extiende a los capitalistas azucareros dominicanos, está arraigado en la decadente formación social haitiana en el mundo rural. Robados, perseguidos y desposeídos por mil maneras de sus medios de producción, de su tierra en particular, los pequeños campesinos haitianos no tienen más alternativa que vender su fuerza de trabajo. Y cuando no están empleados como trabajadores agrícolas, naturalmente se arriman a centros de producción capitalistas más desarrollados donde puedan conseguir algún salario. Considerando la crónica debilidad de la burguesía local haitiana, nuestras ciudades no ofrecen una estructura adecuada. Entonces estos proletarios deben viajar al extranjero: a Cuba, inicialmente, a la República Dominicana posteriormente; en el presente, a las Bahamas, Guyana, Miami...

Expulsados de sus lugares de origen por las actuales políticas dominantes, recibidos de mala manera o para nada bienvenidos en estas ciudades, se convierten entonces en mercancías del proyecto de sociedad burgués, ni siquiera ‘libres’ al ser negociados por el Estado. Sólo entonces se puede comprender por qué, pese a las condiciones inhumanas en los ‘bateys’, las masacres constantes y los tormentos, tanto como a los horrores individuales, nunca ninguno de los gobiernos haitianos ha realmente protestado, y menos, se ha movilizado para protestar.

Una vez en estos centros de explotación, los trabajadores no sólo necesitan rendir una eficiencia máxima (lo que significa, básicamente, una casi completa extenuación física) sino que además deben obedecer a otra implacable lógica: deben ser convertidos en ilegales tan pronto como sea posible (si es que aún no lo son). Varios mecanismos funcionan para este fin, que requiere que los trabajadores permanezcan por más tiempo que lo estipulado en el contrato (endeudamiento, pérdida de papeles administrativos...). Así vueltos ilegales, este trabajo se abarata aún más. Ilegales y condenados a permanecer como tales. Los impedimentos que enfrentan aquellos que cumplen con los requisitos legales y que desean formalizar su estatus son simplemente imposibles de superar. Incluso a bebés nacidos en la República Dominicana y que, acorde a la misma Constitución, tienen derecho a cuidadanía, se les impide obtenerla. ¡Esto se debe a que el estatus ilegal es lejos la manera más conveniente de mantener salarios bajos y mano de obra barata! Esta ha sido la principal lógica tras el trato de República Dominicana hacia los trabajadores haitianos. Es esta lógica la que ha permitido a las clases dominantes dominicanas acumular masivamente capital durante la segunda mitad del siglo veinte.

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Este “trato” va desde masacres hasta actos contenidos de represión, y desde éstos, multiplicados al infinito, a la represión permanente (teniendo como anfitriones a guardias armados con rifles, encargados de la ‘vigilancia’ en los bateys y a dueños de compañías de construcción llamando inmigrantes y luego negándose a pagar a sus obreros). Hay que añadir a esto los estereotipos culturales con los cuales incluso los dominicanos más pobres se burlan de la forma de ser haitiana, riéndose de sus ropas, color e incluso de su olor... constantemente.

Sin embargo, estos salarios que continuamente se ven reducidos también afectan a los trabajadores dominicanos, arrastrando al mínimo todas las relaciones con los empleadores y así evitando que los trabajadores demanden mejores salarios. Esta lógica compresiva se las arregla para limitar, en cierto grado, incluso a la empobrecida clase media y ciertas categorías de técnicos de un mejor pasar. Es toda la estructura económica dominante dominicana la cual reposa en esta primera relación con los “bárbaros-ilegales”, y la cual, desde este punto, se extiende hacia todas las clases dominadas. Los trabajadores dominicanos en general aún no se dan cuenta de esto.

Pero aún hay más. El salario promedio de los trabajadores haitianos en República Dominicana no puede variar mucho tampoco, pues entonces la menor mejora afectaría a los salarios actualmente vigentes en Haití. De ser los trabajadores haitianos capaces de legalizarse sin mayor esfuerzo y obtener mejores salarios (así nivelándose y luego uniéndose naturalmente con los trabajadores haitianos para, conjuntamente, comenzar a conferir un mayor valor a su trabajo...), esto constituiría un ejemplo de una victoria demasiado fácil que seduciría, sin reservas, a la mano de obra haitiana hacia esas tierras. Y también a comenzar a exigir salarios mejores. ¡Un ciclo completamente nuevo del que ambas burguesías se perjudicarían!

Es mucho mejor para ellos, al contrario, apoyarse entre sí y resueltamente movilizarse para defender a sus compinches en aprietos, como fue en el caso de la Zona Franca de Ouanaminthe, cuando la burguesía haitiana sin ninguna clase de escrúpulos brindó su apoyo a sus compadres, a su propia clase... pese a los obvios abusos de los inversionistas dominicanos, que llamaron a su propio ejército a suelo haitiano para abusar de obreros que meramente defendían sus derechos legales, ¡e incluso yendo tan lejos como a arrastrar por el barro a una mujer embarazada de ocho meses...! No es un asunto de “país” lo que está en juego: la globalización capitalista ya ha convertido a esta atrasada nación en una de carácter post-moderno.

Luego, cuando una Corte en Fort-Liberté se enfrentó a pruebas más que evidentes y falló a favor de los trabajadores que habían llevado sus reclamos formales, el propio gobierno central de Boniface-Latortue intervino, desvergonzadamente, afirmando que tal veredicto debiera ser bloqueado porque podría “espantar a los inversionistas” (es decir, inversionistas “internacionales” y más específicamente, “extranjeros”).

Si Dessalines estuviera aquí... Latortue no estaría aquí!” – esto debió ser agregado a las consignas gritadas en la manifestación del 12 de diciembre. Así como algunas palabras de esclarecimiento para los confundidos manifestantes: que de hecho el “Ejército haitiano” estuvo ‘ahí’ durante los años previos, pero siempre en calidad de guardián del orden establecido, es decir, de la represión de los obreros explotados por las clases dominantes – tal es su rol. Fueron precisamente miembros de ese ejército, de hecho, quienes llevaron a cabo la primera represión contra los obreros movilizados de Ouanaminthe, mediante un destacamento de sus mal denominados ‘rebeldes’ acuartelados en esa ciudad entonces.

La lógica ya ha sido expuesta y el plan revelado: lo que estamos presenciando es un esquema básico de explotación que beneficia enormemente a las clases dominantes de ambos países, a sus burguesías en particular, y en la cual ambos Estados juegan juntos y coordinadamente al papel de la desvergonzada represión feroz y la complicidad, que se han convertido en hechos conocidos.

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Pero, ¿por qué ahora? ¿Por qué justo ahora ocurren nuevamente estas deportaciones y horribles abusos en contra de los trabajadores haitianos?

Anteriormente, el primer paradero de los obreros haitianos en República Dominicana eran los campos de la caña de azúcar, los bateyes. Luego seguía un período en el cual esos mismos trabajadores eran dirigidos hacia las plantaciones de tabaco, y más tarde aún, hacia las plantaciones de arroz, tomates, frijoles... consecuentemente, siempre en la agricultura. Ahí ellos encontraban a un campesinado local en vías de proletarización y en tránsito hacia las ciudades. Entonces, el “espacio” existía, por así decirlo, y las contradicciones entre obreros no eran realmente tan agudas, si bien estas existían en cierta medida. La represión en contra de los “haitianos ilegales” era entonces exclusiva y directamente llevada a cabo por las estructuras de dominación (fuerzas armadas, milicias).

A comienzos de los 1960s con los proyectos de infraestructura y urbanización en las grandes ciudades de la administración de Balaguer, sin embargo, los trabajadores “ilegales” y su mano de obra barata rápidamente se convirtieron en un regalo divino también para este sector capitalista. Gradualmente, la migración haitiana pasó a ocupar estos puestos de trabajo y en los 80s y 90s, acorde a las estimaciones más conservadoras, la mano de obra haitiana representaba ¡el 80% de la fuerza laboral en las faenas de construcción! Esta migración naturalmente incluía los pequeños oficios de todo tipo y el así llamado sector “informal” de la economía se desarrolló enormemente. A ellos les siguieron vendedores callejeros, ahora presentes en todas las esquinas de Santiago, Santo Domingo y la mayoría de las grandes ciudades... Al mismo tiempo que con la decadencia de la formación social haitiana, la cual empeoraba más y más, una auténtica marea de inmigrantes haitianos fluía, cuyos números y funciones (como hemos dicho) han cambiado radicalmente hoy en día. Esta decadencia, también ha afectado a diversos estratos de las clases medias haitianas, y con el sistema educativo moribundo, las universidades, los centros artesanales y los mercados pequeños (especialmente la compra-venta de ropa usada) también se desplazaron hacia las tierras vecinas. Todas estas actividades son urbanas. Es entonces cuando la migración haitiana se encontró subrepticiamente en directa contradicción con los obreros dominicanos que, desde entonces, se volvieron crecientemente hostiles7. Más aún, estos inmigrantes más recientes requerían, además, de servicios de salud, habitacionales y de educación básica, lo que proveía la ciudad... lo que de esta manera añadió al creciente problema crónico de las deficiencias del gobierno hacia “su propia población”. Por último, efectos paralelos tales como la mendicancia y las enfermedades contribuyeron a enlodar la imagen “turística” de las clases dominantes dominicanas. ¡Al final, la contradicción se ha vuelto antagónica!

En el contexto de la ofensiva imperialista y de su proyecto de explotación y dominación neo-liberal irrestricto, las contradicciones en la formación social dominicana se han agudizado recientemente. Contrariamente a la propaganda derechista que nos hace creer que la República Dominicana ha tenido un período de acelerado crecimiento, ha resultado ser que sólo los capitalistas y básicamente las clases dominantes han sido las únicas que han acumulado de manera desvergonzada, naturalmente a expensas de los trabajadores y la población (el pueblo) en general. ¡La prueba la constituyen las últimas huelgas sostenidas a fines del mandato del presidente Mejía, las cuales fueron activamente respaldadas por casi el 100% de las personas en todo el país! Esto refleja el hecho de que la brecha se ensancha. Pues, por ejemplo, con la incapacidad del gobierno dominicano de establecer el más mínimo equilibrio, los trabajadores se ven frecuentemente empobrecidos y la población sufre de más y más carencia en cuanto a los servicios. De hecho: la República Dominicana se encuentra en crisis. Y es esto precisamente lo que los más recientes ataques en contra de obreros haitianos pretenden ocultar. Los chivos expiatorios, entonces, son culpados por todos los males.

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Este método – siempre empleado cuando sea que la clase dominante de este país vecino necesita agruparse en torno a un partido político específico para elecciones, o para marcar una ofensiva real en la explotación de obreros o para despojar a los campesinos con vista a un proyecto específico- se convierte así en algo vital hoy en día, considerando la profundidad de la crisis de esta formación social, y la cual es incrementada por el enriquecimiento prodigioso de los ricos. El escándalo del banco Baninter 8 reveló completamente los dimes y diretes de este gigantesco fraude en progreso, y demuestra lo anterior claramente, tal como lo revela además las alianzas de las altas esferas, sus más atrevidas y viles maniobras: la putrefacción de la clase dominante dominicana.

Es en este contexto y debido a la bancarrota de la clase dominante de ese país, que los más recientes y fatales ataques contra los trabajadores haitianos ocurren hoy una vez más. Pero este proceso también ocurre, a su vez, en igual medida por el fracaso total en Haití. “Si Dessalines estuviera aquí...” es la consigna que lo resume todo. Y es a ella que todo patriota debiera aferrarse, aunque sólo sea por un momento. “Si Dessalines estuviera aquí...” significa precisamente... ¡que él ya no está más aquí!

Cuando uno escucha la basura proveniente del gobierno haitiano, cuando uno reflexiona sobre las inútiles excusas de todos los haitianos que, de una u otra manera, están prestos a colaborar o a apoyar a este “extrovertido” proyecto en plenitud, uno se da cuenta de la extensión del problema, su extrema seriedad. Otra forma de entender la situación consiste, por supuesto, en tratar con la incapacidad enorme de los líderes haitianos. Uno de los argumentos principales de los oficiales dominicanos es culpar a sus contrapartes haitianos (a la vez que a la clase dominante haitiana en general) de que, respecto a la organización de la explotación laboral y a su represión, es decir, a esta situación de control y dominación, ¡No están haciendo lo suficiente! La crisis haitiana y el componente popular que va de la mano de ella, preocupa a este vecino. ¡Por supuesto! Pero lo que más le preocupa es la manifiesta inhabilidad demostrada por los gobernantes y las clases dominantes de este país para resolver esta situación. Esto explica su repetido llamado a mantener la ocupación y a convertirla en un tutelaje directo.

De acuerdo a sus planes, el momento lo requiere. Las varias razones ya analizadas hacen que la migración de trabajadores haitianos actualmente represente una formidable contradicción para la República Dominicana. Sin embargo, este país aún requiere de esta mano de obra “ilegal” y barata. Por otro lado, el precio de esta “mercancía” permanece tan minúsculo en Haití, que la lógica dicta... explotarle en el mismo territorio haitiano. Este proyecto, que se viene madurando hace bastante tiempo, ha sido recientemente puesto en ejecución por la misma lógica capitalista, que gradualmente fue introduciendo capital dominicano en Haití (las fábricas de Interamericana en Puerto Príncipe, aguas “Crystal” en Cap Haitien...) pero especialmente, con la habilidad de Lavalas (o más bien su cinismo) para idear a hurtadillas un proyecto que vuelve a la formación social haitiana aún más vulnerable: las zonas francas. La primera de ellas, planeada en la frontera, ya está operando en Ouanaminthe. El imperialista “Marco Interino de Cooperación” (CCI en francés) definitivamente coloca esta orientación en la cima de sus compromisos, mientras toda una “armada” haitiana política, económica e ideológica le acompaña, incluso expresando claramente que “el desarrollo de Haití pasa, necesariamente, por el capital dominicano”. Los varios tratados adoptados en el presente por los EEUU y ciertos países de América Central y del Caribe, incluyendo la República Dominicana (TLC, CAFTA-DR...) anticipan que, para éste último país, la producción capitalista dominicana realizada en Haití también podría contar. Así, los proyectos capitalistas dominicanos para el noreste haitiano (con el natural consentimiento de la burguesía haitiana, preparándose a monopolizar el poder político a todos los niveles) son de gran escala.

Bajo tales condiciones, la provisión de mano de obra haitiana no sólo deja de ser bienvenida en nuestro territorio vecino, sino que además, se hace disponible en su propia casa, “ofrecida” por la burguesía local desde sus trincheras ideológicas “científicas” (incluyendo, ciertamente, las mentiras más mistificadoras: ‘creación de empleos’, ‘desarrollo’, e incluso, ‘sacrificio por el pueblo’...), bajo el control de fuerzas armadas internacionales. El momento para la más horrible de las extorsiones ha madurado. Esto es lo que estamos presenciando.

*

¿Qué gobierno será capaz de arreglar este lío? ¿Qué Estado será capaz de ser lo suficientemente independiente como para levantarse en defensa del pueblo, de los trabajadores?

Éstos, comprendiendo plenamente la insensible lógica que les arrastra a todos al abismo, debieran más bien unirse y luchar.

Los compañeros de SOCOWA en la zona franca de Ouanaminthe y aquellos de SITRAFMIN, en Santiago, comprendieron esto muy bien: se reunieron, formaron una coordinadora de luchas y llevaron a cabo movilizaciones conjuntas en contra de los abusos de su empleador común, el Grupo M. Así, ellos lograron ganar significativas victorias, aunque sólo sea parcialmente y quizás temporalmente.

Los inmigrantes dominicanos y haitianos en Nueva York se han comprometido en el mismo camino. Los comunicados más recientes de las coordinadoras dominicanas en relación a este tema, demuestran su perspicacia, a la vez que su coraje y vigilancia permanente.

En vez de dárselas mutuamente o de pensar en actos de venganza, los sectores populares de ambos países deben resueltamente seguir esta senda a la brevedad.

Batay Ouvriye (Lucha Obrera) 16 de Diciembre, 2005

*** Photos Negro y Blanco: Piet den Blanken


 

1- Entrevista en Tele Ginen a dos estudiantes forzados a abandonar República Dominicana, por Konpè Filo, Diciembre 2005.
2 - Visiones variadas recogidas por la CEEH en numerosos periódicos dominicanos.
3 - Ibid.
4 - Entrevista de Konpè Filo en Tele Ginen, op.cit.
5 - Editorial de Radio Melodie FM, Miércoles 14 de diciembre, 2005
6 - Ver: Luis Francisco Lizardo Lasocé, Palma Sola, La tragedía de un pueblo, Ed. Manati, Sto Domingo, 2003.
7- Esta situación se parece a aquella de Bahamas a inicios de los 80s cuando los obreros de Bahamas se organizaron en bandas para atacar de noche a los trabajadores haitianos; éstos, a su vez, se organizaron para atacarles de vuelta; pero siendo diferente la relación de fuerzas a aquella en República Dominicana, las confrontaciones cesaron.
8 - Narciso Isa Condé y Fernando Peña, Las Entrañas de un poder gangsterizado, Ed. Tropical, Sto Domingo, 2003